Hedy Lamarr

Hedwig Eva Maria Kiesler (1914 – 2000), nació en el seno de una familia judía acomodada en Viena. Pronto destacó por sus habilidades intelectuales y fue considerada una superdotada. Sus padres, en casa, siempre ayudaron a fomentar y cultivar la prodigiosa mente de Hedwig.

Con dieciséis años entró en la Universidad para estudiar Ingeniería en Telecomunicaciones; pero ella tenía un sueño mayor: ser actriz.

Por ello, abandonó los estudios y comenzó sus clases de interpretación en Berlín, donde comenzó su carrera artística bajo las directrices de Max Reinhardt. Pronto sería conocida mundialmente por su primera película, Éxtasis (1933), que fue muy polémica porque era la primera vez que se narraba un orgasmo femenino y se filmaba el primer desnudo integral en la gran pantalla. La película ocasionó tal escándalo que el Papa Pío XI la condenó y Hitler la censuró argumentando que estaba protagonizada por una actriz judía.

Fotograma de Éxtasis (1933), Gustav Machatý

Más tardes, pese a sus circunstancias, Hedwig se sumergió en un turbulento matrimonio con un proveedor del ejército nazi que la controlaba y espiaba, del que intentó escapar durante dos años sin éxito; pero, en 1937, la muerte de su padre supuso el punto de inflexión e ideó un gran plan de escape durante una de las cenas con la burguesía alemana. Seleccionando personalmente a sus criadas, contrató a una que tenía gran parecido con ella y aprendió a imitarla durante meses. En una de las cenas, la drogó con un somnífero, cogió sus joyas y las cosió a su abrigo. Se puso el vestido de servir de la criada y escapó durante la noche en su bicicleta. Aunque estuvieron a punto de atraparla, consiguió llegar a Francia y pedir el divorcio.

Después, se marchó a Londres y fue aquí donde su vida dio un giro radical: conoció a Louis B. Mayer, jefe cofundador de Metro-Goldwyn-Mayer, quien le ofreció un contrato de 125$/semana y le dijo que «las nalgas de una mujer son para su marido, no para los espectadores».

Hedwig rechazó la oferta, pero compró un pasaje en el mismo transatlántico donde Mayer viajaba de regreso a EEUU y allí se aseguró de un contrato mejor como actriz. Llegó a Hollywood como Hedy Lamarr y 500$/semana (¡y sin saber inglés!).

Desde aquí, su carrera fue en aumento, se convertiría de inmediato en una estrella, aparecería en todas las portadas de cine y se la consideraría una de las actrices de referencia de la Historia del Cine.

En 1938 protagonizó Argel; en 1939, Lady of the Tropics, I Take This Woman en 1940 o Las chicas de Ziegfeld en 1941. Llegó a grabar unas 30 películas y trabajó en la industria hasta 1958.

 

Pero su faceta más interesante y menos reconocida es de la que me gustaría hablar ahora. Tras las largas jornadas de grabación en los estudios, Hedy no dejaba de inventar e imaginar prototipos tecnológicos en su casa. Pasión que nunca abandonó.

En 1940, en Europa se libraba la Segunda Guerra Mundial y EEUU se mantenía neutral. Tras una catástrofe en la que murieron 293 refugiados de guerra europeos, Hedy decidió idear la forma de ayudar al bando de los aliados en la guerra.

Tuve la idea cuando pensé en cómo equilibrar la balanza en favor de los británicos. Pensé que un torpedo, controlado por radio, lo conseguiría.

Hedy Lamarr

Cuando presentó su invento a la Marina le dijeron: «Ya sabe, contribuiría más a la guerra, señorita, si saliera a vender bonos en lugar de pretender inventar nuevos tipos de torpedos».

El desarrollo del invento le hizo rechazar a la Warner y la película Casablanca. La idea de Hedy era revolucionaria pero el problema se hallaba en las frecuencias de comunicación desde radio. En 1939, Philco salcó al mercado un mando a distancia que permitía cambiar de emisora de radio a distancia.

Su idea: en vez de usar una frecuencia de radio, usar varias y cambiarlas de forma constante y sincronizada. Los barcos podrían comunicarse con el torpedo de modo seguro y secreto. Fue una solución brillante. Le dieron la patente en agosto de 1942. Ese mismo año Estados Unidos entró en la guerra.

El proyecto se rechazó y se guardó hasta 1957, cuando al caducar la patente, se recuperó y transformó en uso militar y civil, que acabó derivando en el actual sistema GPS, Bluetooth y Wi-Fi.

La carrera de Hedy fue en declive. En 1946, tomó las riendas y produjo su propia película, algo que no se había hecho antes y que no sentó bien en el mundillo: La extraña mujer. Una vez más se había adelantado a su tiempo.

Su reconocimiento, tardío, llegó en 1997 con el Pioner Award. Ese mismo año, junto a George Antheil recibió el Bulbie Gnass Spirit of Achievement Award y una distinción honorífica concedida por el proyecto Milstar; en 1998, la Asociación Austríaca de Inventores y Titulares de Patentes le concede la medalla Viktor Kaplan y en 1999, se organiza un proyecto mediático como homenaje a la actriz e inventora más singular del siglo XX.

 

 

Fuente: PALACIOS Mercedes, Visionarias. Inventoras desconocidas, Barcelona, Editorial Bridge, 2020. Pp. 116 – 121.

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