Manuela Ballester

Manuela Ballester Vilaseca, artista valenciana conocida por sus facetas de pintora, ilustradora, cartelista, escritora, editora y poeta; así como por su activa militancia política en el Partido Comunista de España. Artísticamente, pertenece al Realismo español y a la llamada Generación Valenciana de los Treinta, con influencia de las corrientes vanguardistas y revolucionarias.

Con tan sólo catorce años, ingresó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos, matriculándose en la especialidad de pintura, cuando todavía la presencia de mujeres era escasa y excepcional. “En aquellos tiempos, los últimos de la monarquía en España, la muchacha estudiante era mal mirada en general, pero particularmente lo era la estudiante de las escuelas de bellas artes, pues estas escuelas eran terreno vetado a las mujeres.”

El 20 de octubre de 1929 se publicó como portada de la revista Blanco y Negro un cartel diseñado por Manuela Ballester, al haber ganado el concurso convocado por dicha revista.

En este mismo año comienza a colaborar con obra gráfica en la revista valenciana Estudios, orientada intelectualmente hacia el anarquismo; colaboración que se prolonga hasta 1937.

También ilustra la portada y el interior del cuento El castillo de la verdad, de Herminia zur Mühlen, publicado por la Editorial Cénit.

En 1930 gana el concurso de portadas de la Editorial Cenit, que ilustrará el libro Babbitt, del premio Nobel de Literatura Sinclair Lewis.

Profesionalmente, Manuela Ballester sufrió dos males, uno, el de todos los artistas republicanos, ser ninguneados por el régimen franquista y estar a la sombra de un peso pesado de la plástica y por qué no decirlo, de un hombre, Josep Renau.

La mayoría de las veces se la conoce por ser mujer de Renau, a quien había conocido durante los estudios de ambos en la Academia de Bellas Artes de Valencia y que llegó a ser director general de Bellas Artes durante la Segunda República. 

Muchas obras suyas se le han atribuido a él, pero el tiempo y las investigaciones han dejado claro su independencia como artista, que, además, durante la Guerra Civil española dirigió la revista «Pasionaria, revista de las mujeres antifascistas de Valencia».

Manuela se fue introduciendo cada vez más en los movimientos sociales, participando en exposiciones de marcada índole política, colaborando con revistas como Estudios, Ortho o Nueva Cultura.

Se pueden destacar dos fotomontajes, aparecidos en el número 9 de la revista Nueva Cultura, que ilustraban la traducción de José Renau de El viejo inspector de la vida: cuento soviético.

Ballester diseñó su primer cartel con motivo de las elecciones de 1936, en el que animaba a votar al Frente Popular, buscando el voto femenino. Como era de esperar, cuando estalló la Guerra, Manuela se posicionó en el bando republicano, desarrollando un importante papel en la Agrupación de Mujeres Antifascistas de Valencia y colaborando con el Ejército Popular. Incluso impartió clases para mujeres analfabetas en la Escuela Femenina Lina Odena, creada en 1937 por la Sección Femenina del Partido Comunista.

Al acabar la guerra, decidió exiliarse a México. La comunidad artística mexicana acogió calurosamente a Manuela, donde comenzó a trabajar como ilustradora de calendarios para la imprenta Galas. En 1956 consiguió el primer premio en el Concurso Nacional de Carteles para el Primer Centenario de los Sellos de México.

Manuela declara la inestimable ayuda de su madre ocupándose de tareas cotidianas para ella poder desarrollar sus actividades artísticas. La ayuda entre mujeres que siempre ha estado presente a lo largo de la historia.

En 1959 viaja a Alemania, al sector comunista de Berlín. Ballester trabaja como lectora de español para la Agencia nacional de Noticias (ADN), sin descuidar su producción pictórica.

En 1989 Manuela Ballester dona el archivo, la biblioteca y hemeroteca de Josep Renau a la Fundación Renau de Valencia.

No fue hasta la década de los años ochenta del siglo pasado, cuando empiezan a desarrollarse diferentes investigaciones y artículos divulgativos por estudiosos, críticos de arte y periodistas, que con su labor darán a conocer la producción artística de Manuela Ballester.

Sin embargo, nunca regresó a España y falleció en Berlín el 7 de noviembre de 1994. Un año después de su fallecimiento, se realizó una exposición homenaje a la artista, recogiendo un centenar de pinturas, dibujos, grabados y carteles de distintas épocas, organizada por L’Institut Valencià de la Dona.

Ya en época más reciente, en 2008, se le dedicó el documental Manuela Ballester, el llanto airado, (http://www.tarannafilms.com/es/manuela-ballester-el-llanto-airado/) con guión y dirección de Giovana Ribes, y bajo iniciativa de la asociación valenciana DonesenArt con motivo del III Festival Octubre Dones, dedicado a Manuela Ballester.

Poco a poco, la memoria de la historia va dejando caer su mirada sobre la figura y la trayectoria de esta mujer entregada a las múltiples manifestaciones artísticas, y se va recuperando una página que nunca debió ser arrancada ni pasada por alto.

Hilo en Woman Art House:

  • GARCÍA SÁNCHEZ-CRESPO, YASMINA (@Nefer87), “Manuela Ballester” en Woman Art House, de 13 diciembre de 2020 (Twitter) [Consulta: 22/12/2020]

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