Ángeles Santos

En la mitología existió una mujer llamada Pandora que, por desobediencia, abrió una caja destinada a conservarse cerrada durante el resto de la eternidad. A causa de su curiosidad y rebeldía, los males y desgracias que contenía la caja escaparon para atormentar a los humanos hasta el fin de los tiempos, siendo la esperanza lo único que permaneció dentro. Ángeles Santos es dicha caja y mujer. Es la niña de dieciocho años que con su imaginación removió los cimientos de la Vanguardia en España, que abrió su alma para plasmarlo en lienzos y que moldeó su mundo para darle una forma cuadrada a ojos de todo espectador.

Ángeles Santos. Fotografía El País

Ángeles nació en Portbou, Girona, el siete de noviembre de 1911. Vivió en numerosos lugares a lo largo de sus ciento dos años de vida, pudiendo agrupar tres etapas pictóricas coincidiendo con su estancia en tres ciudades: Valladolid, Madrid y Barcelona. Aunque, verdaderamente, ser podría catalogar su obra pictórica en dos grandes momentos: el antes y el después de su paso por el sanatorio mental de Madrid.

Se inició en el mundo de la pintura y el dibujo durante su estancia como interna en el colegio de las Esclavas del Sagrado corazón en Sevilla cuando tenía catorce años. Allí fue donde sus profesoras fueron conscientes del talento de la niña y rápidamente avisaron a su familia de que debía aprender pintura y dedicarse al arte. Una vez la familia se asentó en su siguiente destino, Valladolid, comenzó a dar clases de pintura, todos los días antes del colegio con el artista y profesor italiano Cellino Perotti.

Ángeles Santos: Calle Alonso Pesquera (1929)

Todo lo que pintaría hasta el momento eran retratos de su familia, algo que también hizo durante años en sus vacaciones estivales en Portbou. Su primera aparición en público fue en el Salón de Artistas Vallisoletanos, en una exposición colectiva. Desde entonces y hasta el fin de sus días realizó un total de 56 exposiciones por todo el mundo.

Fue a los 18 años de edad cuando crearía su obra más famosa: Un mundo. Esta pieza supone un antes y un después en su vida, pues es en este momento cuando Santos decide abrir esa caja que, dicen, no tendría que haber sido abierta. Un mundo es una obra de tres metros, actualmente perteneciente a la colección permanente del museo Reina Sofía de Madrid.

“Quiero pintar un mundo, todo lo que yo he visto”

Un mundo. Ángeles Santos (Museo Reina Sofía)

En algunas de sus entrevistas, Angelita, como la llamaba todo el mundo (quizá por su corta edad) habla de la inmensa tela que llegó desde Madrid encargada por su padre. No sabía cómo llenarla de cosas, lo único que quería y tenía claro es que quería pintar su mundo. Nunca se plantearía hacerlo en una esfera, puesto que la influencia del Cubismo había penetrado fuertemente en ella, así como las Vanguardias Europeas.

A la vez que ese cuadro, pintó Tertulias, del mismo corte artístico, escena tenebrista, grises siendo los protagonistas y colores como el rojo que de pronto llenan de color una zona concreta de la pieza. Su estilo era claramente de corte surrealista y expresionista. Desde la influencia de artistas como Goya, a Juan Ramón Jiménez que gracias a su poema Alba, incluido en Segunda Antología Poética, pudo crear su mundo.

…ángeles malvas

apagaban las verdes estrellas.

Una cinta tranquila / de suaves violetas

abraza amorosa

a la pálida tierra.

Su participación en el IX Salón de Otoño de Madrid en 1929 fue una revolución en la vida de la artista, Un Mundo fue el centro de todas las miradas. Intelectuales y críticos como Jorge Guillén, Ramón Gómez de la Serna, Manuel Abril, Juan Ramón Jiménez, o Federico García Lorca quedaron anonadados ante el talento de la joven. La crítica la comenzó a aclamar como “genio”. Su llegada abrupta a la vida pública hizo que, poco a poco, Ángeles fuera centrándose más en pintar y menos en sí misma.

“Mi vocación fue siempre la pintura. Siempre. Yo no sabía hacer otra cosa más que pintar y pintar, sin darme cuenta de que había vida a mi alrededor. Me aislé de todo y de todos. No vivía para mí. Pensé que se podía vivir sin nadie y me sentía como si fuese un espíritu. Fueron tiempos difíciles”.

Siguió creando obras de carácter Surrealista y de Nueva Objetividad. Obras que para los años treinta y siendo una joven de, prácticamente, veinte años, no estaban muy bien vistas. Obras como Sueño, La Tierra o Habitación.

Terturlia. Ángeles Santos

Y quebró. Quebró desde el instante en el que su familia comenzó a ver a la niña prodigio como una persona desequilibrada, malhumorada y sin freno. Quebró desde el preciso momento en el que la influencia de su padre y la insistencia de Ramón Gómez de la Serna por contraer matrimonio con la joven desencadenaron en riñas, enfados y la prohibición de pintar. Todo acabó con la huida de Ángeles al Pisuerga para ahogarse, pero lo que aún no contemplaba es que, aunque la encontraran al día siguiente vagando, su interior sí había comenzado a ahogarse.

La internaron en un sanatorio en Madrid de manera completamente secreta para que los medios y la influencia de los intelectuales no presionaran para que saliera, aunque gracias a una queja pública de Gómez de la Serna consiguieron que se le diera el alta a Ángeles. No volvió a pintar de su imaginación. Nunca.

Destruyó obras, censuró otras tantas. La Angelita que había entrado en ese sanatorio no fue la que salió de él. Desapareció. Comenzó uno de los tantos parones artísticos que sufrió la artista, siendo este de dos años, hasta 1933. En 1935 vuelve a exponer, esta vez en Barcelona, lo que constituyó un fracaso de exposición puesto que su arte tenebrista no encajó en la Cataluña Novecentista.

Es durante su estancia en Barcelona, en una exposición conjunta cuando conoce al que sería poco después su marido, el pintor Emilio Grau. Se ha hablado de la influencia del matrimonio en el cambio de estilo de la artista, si bien es verdad que Grau pintaba escenas coloridas y pomposas, Ángeles se enamoró perdidamente de su obra y comenzó a seguir su estela en cuanto a técnica.

Expuso en París, Copenhague, fue invitada a exponer en la muestra colectiva del Carnegie Institute de Pittsburg. En 1936, mismo año que se casaría con Grau, figuró en el pabellón español de la Bienal de Venecia y también en la de los Ibéricos en París, consagrando su arte de manera internacional.

Pero volvió a dejar los pinceles, esta vez durante muchos años. Para cuando volvió a retomarlo su obra ni si quiera era similar a la que una vez creó con tantísimo ahínco. Cerró para siempre aquella caja que un día abrió y su familia creyó que había desencadenado el mal. Cerró su alma a la pintura y dulcificó su obra. Desde entonces sólo abordó el retrato y paisajes.

Durante sus siguientes exposiciones mostraría sus obras de diferentes periodos, pero ella misma afirma en multitud de entrevistas que jamás volvería a pintar de su imaginación, “era una niña” suele afirmar. Desde entonces expuso en 1941 en la Sala libros de Zaragoza, fue artista invitada en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1942. Tres años más tarde volvería a Madrid donde expuso en la Galería Estilo y en el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús. Y desde entonces, hasta el día de su fallecimiento, no dejó de exponer.

En 2003 Valladolid le rindió homenaje en el Patio Herreriano y ese mismo año se le concedió la Medalla de Oro al mérito en Bellas Artes y en 2005 el Creu de Sant Jordi.

¿Qué habría ocurrido si hubieran dejado crear a Ángeles? La mente brillante, la niña prodigio que removió algo en la escena vanguardista española, la niña que creó su propio mundo, el mismo al que le prohibieron entrar por miedo a su imaginación, a su mente.  

Podéis saber más sobre la artista en el documental de RTVE dedicado a Ángeles y protagonizado por su hijo.


El mundo de Ángeles Santos. RTVE, 2017

Casamartina i Parassols, Josep (2003). Ángeles Santos, un mundo insólito en Valladolid. Valladolid: Patio Herreriano Museo de Arte Contemporáneo Español.

Hilo en Woman Art House:

-GALLEGO ALEJANDRO, Celia (@estoypintando), “Ángeles Santos” en Woman Art House, publicado el 14 de febrero de 2021 (Twitter).

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