Olga de Amaral

Olga de Amaral (Bogotá, 1932) es una de las artistas colombianas más reconocidas internacionalmente. Su trabajo es un referente tanto para el arte textil como para la abstracción latinoamericana y conocido por su uso del oro, cargado de simbología, que es a la vez toda una reivindicación de las técnicas y los conocimientos tradicionales.

Olga de Amaral © Diego Amaral

La formación de De Amaral (de soltera, Ceballos de apellido) comenzó en Colombia, donde estudió diseño arquitectónico y, después, viajó a Michigan, donde estudió arte textil en la Academia de Artes Cranbrook, una de las escuelas de posgrado de arte, arquitectura y diseño más importantes del país. La filosofía de Cranbrook era similar a la de la Bauhaus: enfocar el diseño como una actividad multidisciplinar, que abarcase e impregnase todas las disciplinas, entendiendo la artesanía como la base del arte. Esta perspectiva influyó fuertemente en la visión de De Amaral que, en adelante, se dedicaría al arte textil pero introduciendo en su trabajo nociones de diseño, arquitectura o matemáticas.

Una vez acabados los estudios en Michigan, en 1956, regresó a Colombia y se centró en investigar los tejidos tradicionales en las regiones de Boyacá y de Tolima. De ellos, aprendió tanto las técnicas como el uso de los colores. Tras esta etapa de investigación, el primer intento de De Amaral de establecer su trabajo textil estuvo más enfocado hacia el diseño y la decoración y para ello, en 1958, fundó junto a su marido el taller De Amaral. En el taller, empieza a fabricar sus propias telas y tapices, probando diferentes técnicas y combinaciones de colores. Así, en sus primeros trabajos, De Amaral crea unos originales tapices en los que, con ecos estéticos y conceptuales de la abstracción y del neoplasticismo, hace unas composiciones que juegan con los contrastes de los colores, los elementos geométricos y las torsiones de las fibras. 

“Cintas entrelazadas”, 1969, 140 × 50 cm., lana © Olga de Amaral

Ya en este primer momento de su trayectoria, su trabajo contó con el apoyo de Miguel Arrojo, director entonces del Museo de Bellas Artes de Caracas, y de Jack Lenor Larsen, el gran impulsor de las artes textiles en EEUU. Ambos apostaron por el trabajo de De Amaral y programaron sus dos primeras exposiciones de fuera de Colombia: en 1966 en el centro de Caracas y en 1967 en la galería de Larsen en Nueva York. Estas exposiciones individuales, sumadas a su participación en la Bienal de Luasania, en la que participa por primera vez en 1967 —y en la que participó siete veces—, y a la gran exposición colectiva del MoMa de 1969 sobre arte textil, “Hanging Walls”, insertaron de lleno el trabajo de De Amaral en el contexto del arte textil contemporáneo.

Hasta este momento, la mayoría de sus piezas eran de unas dimensiones considerables, alcanzando muchos de sus tapices hasta los dos metros de altura. Y, a inicios de los 70, aumenta aún más la escala, haciendo piezas monumentales, de un tamaño mucho mayor, llegando a alcanzar algunas los 5 metros que se convierten prácticamente en instalaciones. Muchas de estas piezas aluden a la naturaleza colombiana, a montañas, bosques, cascadas o precipicios, y su gran escala busca reflejar esa exuberancia y fuerza abrumadora de la naturaleza. Para realizar estas piezas además, a su material de trabajo habitual hasta este momento, que era la lana, empieza a incorporar crin de caballo. Pero la dificultad de transportar, montar y ubicar estas piezas le llevó a replantearse la escala de sus tejidos, y tras esta etapa sus obras, aunque grandes, no volverán a alcanzar esas dimensiones.

“Hojarasca blanca y seca”, 1973, 230 × 160 cm., lana y crin de caballo © Olga de Amaral

Una cuestión clave en el trabajo de de Amaral es que a partir de este momento, debido a la dimensión de las piezas, necesita contar con ayuda para realizarlas, y contrata en su taller a dos tejedoras colombianas que la ayudan y que colaboran con ella. Estas artesanas aún hoy, pese a haber abandonado la dimensión monumental, siguen trabajando con ella, ayudando no solo en la parte manual, sino también participando en el resto del proceso, como la elección de los materiales o en el planteamiento para trabajar una idea.

Durante los años 70, la internacionalización de su trabajo permitió a De Amaral viajar por buena parte de Europa, mostrando su trabajo, conociendo la obra de otros artistas y haciendo contactos con los centros de arte. Es un periodo decisivo que cambiará por completo el devenir de su trabajo. Es clave el encuentro con la ceramista Lucie Rie en su taller, en una vista que de Amaral hizo a Irlanda para participar en una conferencia del World Craft Council. Rie le descubrió como ella empleaba la técnica japonesa del Kintsugi, consistente en utilizar barniz con resina mezclado con polvo de oro, plata o platino para arreglar fracturas en las piezas cerámicas.

En este primer momento, la posibilidad de introducir el oro en las obras atrae a De Amaral, pero se encuentra viajando y no dispone de estudio, ni de espacio, ni de muchos materiales, por lo que realiza unas piezas textiles pero de pequeño tamaño, que le permiten hacer los primeros ensayos. En estas primeras piezas introduce el oro tímidamente, utilizándolo como acrílico, dando pequeñas pinceladas sobre las fibras, como si fuesen un lienzo. Crea con ellos una pequeña serie a la que llama “Fragmentos completos” y, en adelante, la mayoría de sus trabajos se agruparán en series con temáticas a las que asocia una técnica determinada y en la que cada obra supone una modificación de las formas o un matiz de la técnica, nombrando a todas las piezas con el nombre de la serie y añadiéndoles numeración o un adjetivo. A muchas de ellas volverá continuamente, creando piezas nuevas durante años, haciendo que muchas de sus series aún estén abiertas.

“Fragmento Once”, 1975, 23 x 19 cm., fibra, yeso, pintura y pan de oro y plata sobre madera © Denver Art Museum

Tras recorrer Europa, de regreso a Colombia, hacia el final de los años 70, crea dos series muy vinculadas de nuevo a la geografía y al paisaje cultural, natural y material colombiano, que serán temas constantes en su obra: “Calicanto”, en la que trabaja desde 1977, con referencias a los materiales de construcción y a la arquitectura local, y “Riscos”, en la que, además de aludir a los acantilados, De Amaral toma como referente los quipus incas, unos antiguos dispositivos, hechos de cuerdas de lana o de algodón, utilizados para realizar cuentas, recopilar datos y llevar registros. La estructura de los quipus, con hilos de colores, se retoma en los Riscos, con trenzas encadenadas que cuelgan de arriba abajo. 

Otra cuestión clave que De Amaral abre en su trabajo en este momento es la abstracción en base al color, creando grandes color fields textiles, que adquieren profundidad y cierto movimiento interno gracias a la forma en que están dispuestos los hilos. Las superposiciones de capas de hilo crean un juego aéreo de luces y sombras que los conecta con las cuestiones estéticas del Op Art. Con una clara intención espiritual, De Amaral los denomina “Lienzos ceremoniales” y trabaja en ellos desde 1986.

“Lienzo ceremonial III”, 1986, 150 × 180 cm, lino, yeso y acrílico © Olga de Amaral

Esta línea de trabajo la ha retomado en los últimos años, y ha creado varias series en las que la abstracción y el color son los protagonistas, de nuevo a través de hilos, pero ahora, dándoles cada vez más libertad. Desde los 90 ha trabajado así en varias obras, como en sus “Lunas” que, en un plano bidimensional, muestran vibrantes abstracciones. Y, desde 2013, en su serie de “Brumas”, donde expande esa idea en el espacio, creando cuerpos tridimensionales que aúnan color, abstracción y formas geométricas que parecen perderse en un espacio creado por los hilos.

“Brumas”, Acrílico, 2013, cada uno 190 x 90 cm., yeso y algodón sobre madera © Olga de Amaral

Pero desde los años 80 su clara prioridad y lo que marcará un punto de inflexión en su obra será el trabajo con el oro y las posibilidades plásticas que le ofrece. Empieza a trabajar en la serie “Alquimias”, en las que el oro es protagonista absoluto y en la que ya emplea la técnica que, en esencia, mantendrá en adelante: crea la pieza textil, normalmente en lino, aplica luego yeso y, sobre el yeso, aplica el pan de oro. Crea así unas superficies con texturas que, gracias a la forma en que la luz incide en la superficie dorada, transforman el espacio que ocupan. De Amaral vincula este uso del oro en su obra con el tema de la leyenda del Dorado, interesada en la continuidad de la tradición del uso del oro desde la época precolombina hasta el periodo colonial.

“Alquimia 81”, 1982, 170 x 131 cm., yeso y pan de oro sobre lino © Sothebys

Crea también en este momento la serie “Cestas lunares”, en las que, además de aplicar el oro, añade detalles en acrílico creando composiciones abstractas y esquemáticas. Para crear esta serie De Amaral se inspiró en los trabajos en cestería hechos por los Yanomami, también conocidos como los Hijos de la Luna, que tienen decoraciones geométricas pintadas.

“Cesta Lunar 50A”, 1991, 355 x 221 cm., oro, yeso y acrílico sobre lino © Sothebys

Durante los 60 y los 70 se convirtió en una de las pocas artistas de América del Sur conocida internacionalmente por su trabajo, y durante los 80 y los 90 su figura se consolida ligada al uso del oro. Además ya, con la técnica clara, introduce otros materiales como la plata o el platino, especialmente para trabajar conceptos relacionados con el agua o la noche. Las dos grandes series que crea durante estos años son la de las “Umbras” y “Las estelas”. Ambas con piezas en las que priman los efectos plásticos que ejerce la dispersión de la luz según la trama textil. En las Umbras, el tejido tiene requiebros y cambios de sentido, creando composiciones vibrantes.

Las estelas, por su parte, están trabajadas tanto por el reverso como por el anverso, con oro por un lado y plata oscura por el otro, y son piezas cargadas de misticismo. Esta serie acabó cobrando un sentido tridimensional al disponerse las piezas de la serie en grupo, suspendidas del techo, flotando a diferentes alturas, creando un espacio casi ceremonial. La serie, dispuesta como un conjunto, es probablemente la más conocida de la artista. Más adelante repetirá el ejercicio de ocupar el espacio con las obras de una misma serie en “Glifos” (2002), en “5 grafitos” (2013) y en “Bosque” (2013).

“Estelas”, 2013, en La Patinoire Royale galerie Valérie Bach, cada una en torno a 180 x 80 cm., lino, yeso, plata y pan de oro © Galerie Valérie Bach

Actualmente se considera a De Amaral como una de las pioneras del arte textil en Colombia y su trabajo con abstracciones doradas es reconocido internacionalmente. Ha participado en más de un centenar de exhibiciones individuales y colectivas, y su trabajo se encuentra especialmente en colecciones privadas, pero también en colecciones públicas e instituciones de todo el mundo, entre ellas en el MoMA, en el MET, en el Museo de Arte Moderno de París, en el Museo Bellerive de Zúrich o en el Museo de Arte Moderno de Bogotá. 

Hilo en Woman Art House:

Seldas, Sandra (@_chicacocodrilo), “Olga de Amaral en Woman Art House, publicado el 21 de marzo de 2021, Twitter [consulta 26/03/2021]

Referencias bibliográficas:

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s